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EL SUEÑO DE LA CASA PROPIA… Y ECOLÓGICA

Una casa perfecta, inteligente, sustentable, de diseño, que optimiza recursos naturales y minimiza el impacto ambiental. Este espacio soñado existe. O, al menos, puede crearse. Hoy contamos con normas que certifican este tipo de construcciones y buscan poner un límite al desborde de las ciudades, que tanto afectan la salud del planeta.

Una de las más utilizadas en el país es la LEED (Leadership in Energy & Environmental Design), un sistema de certificación desarrollado por el U.S. Green Building Council que incluye en el proyecto aspectos relacionados con la eficiencia energética y del consumo de agua, el uso de energías alternativas y la creación de espacios abiertos, de encuentro, como explica el arquitecto Pablo Swiecicki, director de ESARQ, en Noticias de Arquitectura Sustentable.

Inclusive, existe un Sello de Vivienda Sustentable oficial que promueve “buenas prácticas” en materia de construcción y busca instalar la sustentabilidad a escala federal, tanto en edificios como en casas particulares.

De hecho, el colapso ambiental también estuvo presente en la última Bienal Internacional de Arquitectura, que se realizó en octubre en Buenos Aires. Desde explorar nuevos materiales con menos huella de carbono, reciclables y accesibles económicamente, hasta lograr soluciones sostenibles en fachadas y ventanas fueron temas de debate.

Esta tendencia se justifica con sólo imaginar el futuro. Según la ONU, actualmente el 55% de la población mundial vive en zonas urbanas. Esta concentración aumentará a 68% para 2050. Los edificios de por sí consumen un tercio de la energía disponible y emiten gases a la atmósfera en las mismas proporciones por calefacción y refrigeración. Todo un número que incide en el calentamiento global y cambio climático, sin mencionar el caos de la superpoblación.

Por eso, los expertos proponen optimizar la planificación urbana. Esto exige implementar tecnologías (Inteligencia Artifical, Big Data, Internet of Things y telegestión, aplicada a la seguridad y la iluminación, si pensamos en el desarrollo de una smart city), y el empleo de materiales nobles, durables, livianos y reciclables.

Algo tan elemental como un cerramiento, por ejemplo, importa. En las casas, las ventanas son responsables del 20% de las pérdidas o ganancias térmicas. Para lograr un buen aislamiento, las aberturas tienen que ser herméticas “y cerrar perfectamente para garantizar un sellado efectivo contra el aire, el agua, el polvo y la contaminación. Así se evitan pérdidas de temperatura en invierno y se mantiene la refrigeración en verano. Puro ahorro energético”, apunta Diego Gómez, vocero de la Campaña Siempre Aluminio, lanzada por la Cámara Argentina de la Industria del Aluminio y Metales Afines para generar mayor conciencia ambiental.

El llamado diseño bioclimático es otro concepto de moda. Orienta la mayor cantidad de ventanas al norte para lograr que ingrese más energía solar en invierno y menos en verano y así ahorrar en calefacción y refrigeración. Además, incorpora el empleo de vidrios dobles y ventanas cruzadas para tener una mayor iluminación solar y ventilación natural.

Como accesorios “de lujo” incluye inodoros con mochilas de doble descarga, termotanques solares, iluminación LED, paneles solares para iluminar y techos y terrazas verdes. Este tipo de obra también recupera el agua de lluvia para riego y reutiliza las llamadas “aguas grises”, un recurso poco difundido que aprovecha el desagote de lavarropas, canillas y duchas para regar y cargar las mochilas de los inodoros, a partir de una red de cañería diferenciada. “La construcción sustentable tiene muchísimas ventajas comparadas con la convencional, pero el mercado aún se encuentra reticente a este cambio”, apuntan en Longvie, marca que aplicó estos ítems para construir una casa ecológica y participar del Proyecto Green House.

¿Costos? Un edificio verde requiere una inversión inicial levemente superior a la que se realizaría sin tener en cuenta criterios ambientales, pero este gasto se amortiza en los primeros años con el ahorro de agua y energía.

¿Qué podemos hacer en casa, mientras tanto? Aplicar algunas soluciones deco/eco muy simples:

-Climatizar con temperaturas “sustentables”: 24°C en verano y 22°C en invierno.

-Limpiar y mantener los sistemas de refrigeración/calefacción para optimizar su eficacia y prolongar la vida útil de los equipos.

-Aprovechar las reformas para incorporar una aislación térmica eficiente en muros y techos y considerar la instalación de vidrios dobles o persianas. Contribuyen a crear un hogar más saludable.

-Utilizar tecnología LED. Reduce los costos de luz entre un 50 y 80%.

-Optar por electrodomésticos clase A. Consumen menos.

-Apagar los equipos que no se usan. No dejarlos stand by ni cargar celulares durante toda la noche.

En una casa eco, siempre se impone el modo ahorro.

FUENTE: Clarín

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